Con una silla de ruedas en el metro

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Mi hijo Benxamín entró por primera vez al metro de la Ciudad de México hace unas horas. Su primera experiencia en un tren fue de hecho en el Tren Ligero de la Ciudad de México, que ocupamos para visitar el Museo Dolores Olmedo. Luego vino el Metro de Medellín a mediados de agosto, una segunda experiencia en el AirTrain de Vancouver en septiembre y finalmente la línea 12 del Distrito Federal.

La experiencia en el Tren Ligero no fue del todo buena. Un sábado, subir y bajar un puente peatonal, con todo y carriola, para acceder a la estación Las Torres, un tren lleno de gente, alguna parada más larga de lo previsto para finalmente salir a la estación La Noria, al nivel de la calle. De regreso el proceso a la inversa, con la salvedad de que el tren permaneció unos 15 minutos detenido en una estación.

La experiencia en el metro de Medellín fue mucho mejor: accesibilidad plena (sólo que algún elevador estaba escondido desde el punto en el que llegamos, así que hubo que cargar la carriola) y un poco lento el sistema para sillas de ruedas. La primera vez que lo ocupamos llegó una persona en silla de ruedas mientras yo bajaba al bebé. Pudimos transbordar perfectamente hacia el teleférico y desde el teleférico hacia el metro.

En el primer mundo las cosas son un tanto mejores: subimos al tren un par de veces, una en una estación elevada; la otra en una estación subterránea para luego acabar en una elevada. Los elevadores funcionaron muy bien, y tenían muchos usuarios, lo cual habla de que si hay certidumbre para las personas con discapacidad, éstas usarán el transporte público.

En la línea 12 de la Ciudad de México tenemos grandes avances: todas las estaciones están equipadas con elevadores para que sea 100% accesible. Además las estaciones cuentan con guías táctiles (algo que ya ocurría en la Línea B, que también tiene algunas estaciones accesibles, pero no todas). Los trenes son más amplios, lo que facilita la maniobra con una persona en silla de ruedas, o en mi caso con una carriola.

Describo el primer problema que encontré: la estación Zapata de la línea 12 tiene entradas en dos puntos: uno en la esquina de Félix Cuevas y Universidad, el otro en Félix Cuevas con Nicolás San Juan. Llegué al de Nicolás San Juan, pero no vi ningún elevador allí, sino a 200 metros, en la entrada Sur de Universidad. Caminé hasta allí. Tomé el elevador. Funcionó perfecto. Es un gran avance contar con elevador, pero para una obra tan cara podrían haber puesto otro elevador del lado de Nicolás San Juan, más por una razón que comentaré enseguida.

Pedí el acceso al policía por la puerta especial. Yo mismo, sin que él me dijera, pagué mi boleto en un torniquete normal y cancelé el paso moviendo el torniqueta (creo que pude entrar gratis). Al entrar a la estación pregunté por el elevador para llegar al andén:

– No hay –dijo el policía.

– Sí hay

– No hay, pero allí está la escalera eléctrica, se sube y solita lo lleva

– Gracias

Con 16 meses de experiencia acarreando una carriola sé que si bien uno puede utilizar las escaleras eléctricas, hay algún riesgo y mucha incomodidad. Busqué el elevador y en efecto lo encontré … al lado opuesto del elevador que había tomado para llegar al vestíbulo. Al llegar al andén, ya había adultos mayores esperando utilizarlo. Al salir dos estaciones adelante me encontré con dos personas más utilizando el elevador, uno que tal vez podía prescindir de él, pero otra persona mayor que sin duda lo requería.

Al abordar el tren en Zapata no tuve problema entre la plataforma y el vagón, pero en Insurgentes Sur había una diferencia menor a 10 centímetros, que tendría que haber sido menor (esto tiene que ver con que la altura de un tren varía dependiendo del peso que éste traiga).

Como reflexión veo:

1. Positivo que las estaciones ya sean accesibles.

2. Negativo el que sólo haya una entrada con elevador en una estación que mide casi 200 metros de largo.

3. Pésimo, que no se capacite al personal de contacto con los usuarios. ¡¿Cómo es posible que me digan que debo tomar las escaleras eléctricas porque no hay elevador, cuando sí lo hay?!

4. Pésimo que si el elevador de acceso al vestíbulo está en el extremo oriente de la estación, el elevador de acceso al andén dirección poniente esté al poniente de la estación: estrictamente me tuve que desplazar 400 metros por la ubicación de los elevadores.

5. Pésimo que si yo hubiera salido de la estación del lado poniente (pasado los torniquetes) me habría topado con carencia de elevador para llegar a la calle, y por lo tanto vuelto a pagar para poder salir, y de nuevo recorrer 400 metros (200 inferiores y 200 a nivel de calle).

6. Sensible el hecho de que el piso de la estación no coincida siempre con el nivel del tren.

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