Placa Verde

Este día leí un tuit de la Diputada local Laura Ballesteros (@LBallesterosM) sobre una propuesta de Placa Verde:

En reunion se trabajo para la tratando el tema de las placas verdes. Q opinan sobre esto? Es necesario?

Esta entrada obedece a su generosidad de escuchar opiniones como la de este hijo de vecino sobre el tema.

Mi primera duda fue ¿Qué es una placa verde? Y mi primera respuesta: autos eléctricos e hïbridos.

Entonces viene mi primera reflexión:

¿Queremos autos más limpios? Sí, sin duda. ¿Qué nos garantiza que los autos eléctricos e híbridos sean más limpios que los convencionales? Sabemos que un híbrido consume sustancialmente menos gasolina que un vehículo convencional, pero eso no nos asegura que sea más limpio si los procesos de fabricación y distribución no lo son. Lo mismo aplica para los eléctricos, que al transferir los contaminantes a una planta de generación eléctrica podría lograr más eficiencia en la combustión, pero eso no nos asegura que su fabricación y su puesta en el punto de venta no hayan consumido mayor energía que la que ahorrarán.

Hay dudas respecto al consumo energético para producir y comercializar los autos eléctricos (como para los híbridos), pero también respecto a la energía necesaria para operarlos. Por ejemplo, en este mapa se puede apreciar que en México la energía eléctrica no es tan limpia como en otros países, lo cual limita el potencial de este tipo de vehículos.

Yo diría que el tema no me atrae mucho como una “placa verde”, pero tampoco podemos negar los incentivos necesarios para que paulatinamente el mercado se vaya hacia automóviles de mayor rendimiento energético, sea gasolina, diesel u otro. Hay que reconocer, además, que en este tema Pemex tiene mucha culpa del atraso: es imposible lograr la eficiencia por la vía del diesel, si no existe Diesel Ultra bajo azufre en todo el país sino sólo en las ciudades más grandes.

De instrumentarse una placa verde, por lo tanto, me parecería fundamental medir la huella ecológica de los autos desde su producción y no sólo a partir del piso de ventas.

No hay que olvidar que un automóvil así fuera de cero emisiones sigue generando externalidades: el uso del espacio, el desgaste del pavimento, los riesgos inherentes, la exclusión social, y sigue recibiendo beneficios asimétricos con respecto a los no-usuarios del automóvil.

Ahora bien, esto me recordó el artículo que escribí sobre el Hoy no circula, en el que mi propuesta es que construyamos una política recaudatoria a partir de programas como la verificación y el Hoy no circula, de tal suerte que los autos menos eficientes descansen dos días y los más eficientes uno o paguen por una placa que les permita circular diario. Esto nos permitiría recaudar cientos de millones de pesos para programas ambientales.

En resumen, diría lo siguiente:

  1. De construir una política de “placa verde”, tenemos que asegurar beneficios ambientales reales y no insignificantes (lo cual podría incluir un beneficio relativamente bajo respecto a formas no motorizadas de movilidad). No hay que dejar de lado los cuestionamientos al papel “verde” de autos eléctricos e híbridos, ni la posibilidad de que vehículos convencionales a gasolina tengan un desempeño más eficiente en todo el ciclo de vida del producto y no sólo en la etapa post-venta.
  2. Las políticas especiales podrían tener un enfoque recaudatorio, en el que las tecnologías más limpias se liberen parcial o totalmente del pago, pero la amplia generalidad de automóviles aporte recursos equivalentes a sus impactos sociales negativos, de tal manera que compensen sus externalidades.
  3. No hay que irse por la finta con lo que suene bonito como “placa verde” sino ser muy preciso en las decisiones de política pública, sea en el nivel legal o en las áreas de instrumentación.

Desde hace varios años existen sitios en internet en los que es posible pagar por las emisiones de un vehículo a fin de capturar su equivalente en otra parte del mundo. Esto significa que en términos de contaminación al planeta (afectaciones a la salud aparte) yo puedo tener el auto más contaminante, pero estar cancelando sus emisiones en algún otro lado. Esto termina por hacer a la “placa verde” aún menos eficiente: es más relevante cancelar las emisiones equivalentes que poner una etiqueta de híbrido o eléctrico a un vehículo que viajó miles de kilómetros para llegar a una agencia.

Y por último, también habría que mencionar que al abaratar el consumo de combustible en un vehículo, no se obtiene un ahorro para su dueño, sino una tendencia a manejar más kilómetros (Todd Litman, Changing Vehicle Travel Price Sensitivities, pp. 14-15). Es decir, la eficiencia en el consumo de combustible, a lo largo del tiempo marca una tendencia a incrementar los kilómetros viajados. Todd Litman también señala (p. 1) que

las regulacione e incentivos que alienten la eficiencia en el consumo de combustible de los vehículos es una medida poco efectiva que incrementa las externalidades.

Concluyo: una placa verde parece tener pocas bondades y corre el riesgo de pervertir una política de movilidad. No se trata de contaminar menos, sino de que la estructuración de la ciudad favorezca la movilidad no motorizada o la colectiva, por ejemplo.

 

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