Soñar las mejoras, influenciar las mejoras

Hace unas horas transité por la carretera México – Toluca, donde ya se están realizando los trabajos de construcción de la Autopista La Marquesa – Toluca. Lo que se puede ver de manera notoria, hasta el momento, es la delimitación del área de obra en algunos tramos y el desmonte en la que fue una vía repleta de árboles. Yo estoy convencido de la esterilidad de esta nueva vía: el tramo que menciono podría haberse mejorado con una segregación de los accesos a restaurantes y comercios, así como con retornos a desnivel, en vez de una autopista parcialmente elevada en una zona arbolada.

Más allá de un punto de vista muy particular como el que expongo, el juicio sobre una vialidad innecesaria e invasiva, hay alguien que imagina distinta la comunicación terrestre entre la Ciudad de México y su metrópoli más cercana, Toluca. Casualmente, el grupo en el poder en el país tiene una alta composición mexiquense. Altos funcionarios están acostumbrados a ir y venir entre ambas ciudades.

En la ruta Toluca – México no sólo “mejorarán” el tramo libre de carretera, sino también la entrada a la Ciudad de México. La comunicación entre Santa Fe y la zona central es fastidiosa. Hacia el sur se tiene la Supervía. Hacia el centro sólo hay vías congestionadas. Por ello está también en el tintero un viaducto elevado, sobre una vía bastante angosta. Vasco de Quiroga recibirá un viaducto de dos niveles, el piso uno para el tren México – Toluca y el piso 2 para la Autopista Santa Fe – Tacubaya. La Planta Baja será sombría. Nuevamente, el imaginario de quienes tienen poder de decisión coincide con sus necesidades.

La ruta México – Toluca no será la única mejorada. Ya también está por construirse una salida elevada hacia la Autopista México – Pachuca, acortando un viaje congestionado entre La Raza y esta vía. 8 kilómetros elevados. Autoridades federales provenientes del Estado de Hidalgo se sensibilizan de la necesidad de esta vía y sucede.

A algunos puede parecer exagerada mi especulación. En primer término no quiero cuestionar la perspectiva del mundo de quienes sufren un congestionamiento de horas para salir de la ciudad. Sabemos que a veces uno tarda más en salir de las grandes ciudades, que en alcanzar las ciudades cercanas. Lo que destaco es que el sueño de ciudad es acorde a nuestras necesidades, pero la realización de dichos sueños es acorde al poder de quienes sueñan.

Todos solemos soñar en menor o mayor medida transformaciones a los problemas que padecemos. Si quienes padecemos un mal transporte público soñamos con un mejor transporte público no existe la garantía de que esto suceda, pero si lo usaran quienes influyen en las decisiones de las ciudades mexicanas, habría la posibilidad de generar la necesaria transformación.

México tiene un plan carreteras que incluye 3 ejes de frontera a frontera y 6 ejes de costa a costa. Alguien imaginó así el trazado de la red carretera desde hace un par de décadas. Cuando yo era niño teníamos que circular a menos de 40 km/h detrás de camiones pesados. Era cansado, lento y peligroso circular en carreteras. Con las autopistas se encarecieron los viajes, pero se facilitaron. Detrás de un torton o un tráiler algunos imaginaron un horizonte distinto. Se está concretando. Necesitamos que los tomadores de decisiones sientan los problemas (salud, educación, inseguridad, transporte público, basura, olores, ruidos, riesgos, etc.) para que ellos también sueñen su transformación y no sólo personas sin influencia.

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