Idaho Stop

La incorporación del “Idaho Stop”en el reglamento de tránsito fue una grata sorpresa para los ciclistas. Hoy, sin embargo, vi una escena sobre la que reflexionaré a continuación:

Mientras pedaleaba en el “ciclotón”, un ciclista se pasó un alto y un policía, con una señal de alto exhibida a los ciclistas, le llamó la atención. El ciclista regresó con el policía para aclararle que “en el nuevo reglamento hay una cosa que … “. Me alejé de la escena y no seguí escuchando la conversación. “Hay una cosa que” se refiere al artículo 16:

Artículo 16.- Los ciclistas que vayan a cruzar una vía secundaria en cuya intersección la luz del semáforo se encuentre en rojo o en la que exista un señalamiento restrictivo de “Alto” o “Ceda el paso”, podrán seguir de frente siempre y cuando disminuyan su velocidad, volteen a ambos lados y se aseguren que no existen peatones o vehículos aproximándose a la intersección por la vía transversal. En caso de que existan peatones o vehículos aproximándose, o no existan las condiciones de visibilidad que les permita cerciorarse de que es seguro continuar su camino, los ciclistas deberán hacer alto total, dar el paso o verificar que no se aproxima ningún otro usuario de la vía y seguir de frente con la debida precaución.

Esta especificación se deriva de una práctica conocida como “Idaho Stop”, cuyo origen está en el estado americano del mismo nombre y la gestión de un ciclista para establecerla (Carl Bianchi). El término “Idaho Stop” refiere al Oeste de Estados Unidos y con ello puedo imaginar las circunstancias: ciclos de semáforo largos, orientados a facilitar el movimiento de automóviles.

En Europa predominan ciclos de semáforo más cortos. En sociedades dependientes del auto los ciclos dominantes son mucho más largos, eso significa largas esperas del peatón y el ciclista, bajo las inclemencias del tiempo. Por eso es tan incómodo ser peatón o ciclista en escenarios estadounidenses, generalmente.

Tal como señala el texto de Brandon Whyte, no hay claridad respecto a los efectos del Idaho Stop en la seguridad vial. Sin embargo, mi especulación es la siguiente:

  1. La libertad para pasar los altos desde la bicicleta genera comodidad al ciclista. Eso es bueno para incentivar el uso de la bicicleta y a la larga puede redundar en seguridad vial.
  2. La libertad para pasar los altos puede generar menor respeto a los policías desde la bicicleta particularmente en los cierres dominicales, lo cual no es un buen impacto.
  3. Introducir el “Idaho Stop” no parece una figura muy congruente con un reglamento que busca (o lo presume) la “Visión Cero”, lo que sin embargo podría no alterar las conductas de los ciclistas (ya antes muchos nos pasábamos altos de vías secundarias).
  4. El “Idaho Stop” equivale, hasta cierto punto, a la extinta vuelta continua del automóvil: genera comodidad al usuario, pero puede vulnerar al peatón, lo que sin embargo es menos grave en tanto la bicicleta es menos peligrosa.
  5. El antídoto al “Idaho Stop” es, me parece, ciclos semafóricos más cortos, algo que no se ha puesto en la agenda con la necesaria firmeza: si los automovilistas se quejan de la congestión generada por una reducción de los límites de velocidad, lo que realmente puede detonar la congestión permanente es que la semaforización tenga un enfoque de seguridad vial, con ciclos completos de 60 segundos. En ese escenario, bien podríamos quitar el “Idaho Stop” ya que las esperas ciclistas, o peatonales, serán menores.

“Esa cosa” que el ciclista no tenía del todo clara es la parte de riesgo de haber incorporado el “Idaho Stop”; éste se refiere a vías secundarias, y en caso de presencia del policía, la opinión de éste prevalece sobre el criterio del artículo 16, porque él estaba marcando el alto para todos los ciclistas.

Si bien soy un usuario frecuente del “Idaho Stop” creo que esta figura es uno de los “logros” más vulnerables del Reglamento de Tránsito y más me inclino por establecer ciclos semafóricos más cortos, como compensación.

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