Bienaventurada la serendipia

¿Podrían los centros comerciales poner reglas de circulación para sus clientes? ¿Podrían los parques temáticos llenar de señalizaciones para que sus asistentes circulen en una dirección u otra, o no se queden estorbando a quienes se dirigen hacia una atracción?

De poder, podrían, pero hay ciertas reglas que no establecen porque van en contra de sus intereses, quieren que sus parroquianos se sientan en absoluta libertad (en realidad están siendo videograbados por el sistema de seguridad y no podrán sentarse en el piso ni sacar una pancarta). No dudo que en algún caso sí se pongan sentidos de circulación o reglas de flujo, por ejemplo hacia la entrada o desde la salida de un juego o del cine, pero en general son espacios en los que el comportamiento es intuitivo.

¿Si esto funciona así, es necesario pintar en las calles sentidos de circulación? ¿en un paso peatonal congestionado? ¿es obligatorio circular por la derecha o debemos prohibir caminar en zigzag o en medio del flujo del sentido opuesto? No soy fan de los centros comerciales, pero si esto tuviera lógica, sería una práctica generalizada en ellos.

Si no lo hacen es porque no responde a las necesidades del espacio. A los centros comerciales les interesa que las vitrinas sean atractivas, así que no importa que cuando una vitrina te gusta, atravieses al grupo de personas que va caminando, helado en mano, en la dirección opuesta y te tropieces con ellos, así tu conducta sea descortés. Más ventas significan mayor valor por los locales y más retornos.

De pronto uno tiene que leer textos ridículos y contradictorios en los que se quiere imponer un orden en las calles, cuando justo lo rico de ellas es la serendipia del espacio público. Para colmo, la voz que aboga por el orden en las banquetas es la misma voz con la que he compartido el espacio, incluso en televisión, para hablar de estrategias de seguridad vial. El clamor y el conocimiento hacia las cero muertes en las calles lo tenemos que compartir con una horda de charlatanes que pretende apropiarse el discurso de la Visión Cero para tener una bandera. ¿Sabrán diferenciar una calle de un centro comercial? ¿una bicicleta de un peatón? ¿un manubrio de un volante?

Cuando defendemos la serendipia del espacio público nos despojamos de los prejuicios que impone la rueda. Nada fácil. Y sí, seguramente hay reglas generalmente aceptadas de convivencia entre iguales. Yo, intuitivamente, tiendo a colocarme del lado exterior de la acera cuando camino con una mujer; reglas de caballerosidad fundadas en el machismo tradicional imponen ciertas conductas que tomarán generaciones en desprenderse de uno. Los prejuicios por conductas “imbéciles” son el mismo adjetivo que escupen, los individuos son libres y el ejercicio de su libertad es su triunfo; las reglas no pueden ir más allá que el respeto a la individualidad del otro, con todo lo que conlleva.

Los centros comerciales y los parques temáticos, por su parte, son justo la abolición de la individualidad. Hay conductas esperadas, como decía, a menudo no es aceptado tomar fotografías o sentarse en el piso, menos sonar una grabadora y bailar, o sacar la guitarra y cantar, o juntar las mesas del fastfood para hacer un trabajo escolar. Pero son reglas que inciden en el modelo de negocio del centro comercial, no así las reglas sobre la circulación en sus pasillos donde los comportamientos espontáneos refuerzan la rentabilidad del espacio, así nos atropellemos por una oferta.

Bienaventurados aquellos que caminan por la izquierda

Bienaventuradas las personas que se distraen en la calle

Bienaventurados quienes encuentran su esencia en el espacio público

Bienaventuradas aquellas individualidades que florecen en el encuentro con lo fortuito

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