El día de la independencia

El triunfo del “unmentionable” me pone dos preguntas iniciales en la cabeza y posteriormente una gran pregunta.

  1. ¿Qué pasará con el muro?
  2. ¿Qué pasará con la economía?

¿Cómo salir airosos del triunfo del #Unmentionable?

No hablaré de la pregunta de la economía en este momento, creo que no he leído suficientes análisis aún que me permitan entender el desfío que enfrentaremos, más allá de las especulaciones que ya he hecho en este blog y en mis otras redes sociales.

Hablaré de las etapas de construcción del muro:

  1. #Unmentionable pide a México pagar por el muro
  2. México dice que no pagará por el muro
  3. #Unmentionable reitera petición a México de pagar por el muro
  4. México reitera no pagar por el muro
  5. #Unmentionable amenaza con tomar activos mexicanos por el valor del muro
  6. México dice que esto es ilegal y amenaza recurrir a tribunales internacionales
  7. #Unmentionable construye una polarización en la opinión pública de su país, previa a la ocupación de territorio mexicano
  8. México sigue diciendo que no pagará el muro
  9. #Unmentionable envía tropas a México
  10. Se interrumpe la transmisión

Esta historia es de pavor, pero sin duda uno de los escenarios posibles, a la vez imposibles hasta hace unos meses. Creo que habrá instituciones que impidan llegar a este escenario tan negativo … pero ¿y si sí?

La estrategia preventiva sólo puede ser ver en #Unmentionable un triunfo para México. Este es el momento de la independencia.

Cada que viajo a Colombia, al regresar, tenemos que salir por las puertas más incómodas. Mientras en un viaje de Estados Unidos a México tardo 30 minutos del avión a la calle, viniendo de Sudamérica las salidas tardan de 60 a 90 minutos. ¿Por qué? Porque México ha aceptado ser la primera puerta de Estados Unidos. Existen mecanismos menos humillantes para vigilar el tráfico de drogas en los aeropuertos, México ha optado por hacinar viajeros ¿No es absurdo?

En temas como seguridad, migración, diplomacia e industria, la estrategia de México ha sido obedecer a las presiones de Estados Unidos. #Unmentionable es la oportunidad de poner alto al zapato del Tío Sam.

Sí, hagamos el muro, pero hagámoslo turístico, del lado mexicano, hagámoslo de una manera tal que nos desvincule del “imperialismo yanqui”, que evite la llegada de armas, que evite la llegada de autos usados, que evite la cultura chatarra, que imponga normas ambientales tan estrictas como las de California, que reduzca la influencia de la industria automotriz y favorezca industrias más sustentables, que amplíe oportunidades de desarrollo para los mexicanos. Hagamos el muro empleando a los cientos de miles de repatriados, plasmemos en él lo que somos, pidamos prestado a los bancos de Estados Unidos para hacerlo y dejemos de pagar cuando osen humillar.

Ese muro tendría que marcar el límite del territorio mexicano, cuando los marines intenten entrar. ¿Que pueden entrar por aire? Claro, nosotros también, la droga también, los tamales también, la música también. Siendo el discurso del muro un motivo tan absurdo, saquémosle provecho, hagamos un muro keynesiano y reduzcamos la influencia “gringa” sobre México.

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Bienvenido Hitler

La primera vez que tramité mi visa para entrar a Estados Unidos como adulto fue en 1995. Entre los comprobantes que presenté estaban mis recibos laborales de Petróleos Mexicanos. El cónsul que me atendió me preguntó:

¿Ya nos van a vender Pemex?

La broma me cayó como pandorga. El tipo estaba abusando de su poder. El Tratado de Libre Comercio ya existía y fue un parteaguas. La conducta del cónsul representaba bien a los Estados Unidos que invadieron Panamá, Granada, Guatemala, y que en general tiraban o encumbraban gobiernos latinoamericanos.

En mi apreciación personal, los mexicanos solíamos simpatizar con la expresión “imperialismo yanqui” hasta antes del Tratado de Libre Comercio. La sensación de ser “los vencidos” se fue diluyendo. En el radicalismo de izquierda, incluso, “el enemigo” dejó de ser el Tío Sam y se volvieron las oligarquías nacionales.

Mis entradas a Estados Unidos se han vuelto cada vez más amables y sencillas. Mi tercer trámite de visa fue expedito, no tuve que mostrar comprobantes económicos, sólo me tomaron fotografías y huellas después de haber capturado desde casa todos mis datos (algo que la Secretaría de Relaciones Exteriores es incapaz de hacer en el trámite del Pasaporte Mexicano).

Percibo que nuestra cercanía a los Estados Unidos es hoy mucho más cercana al concepto de “vecindad” que al de “imperalismo”. Todos tenemos familia y los Estados Unidos forman parte de nuestro entorno. Yo tengo dos primos hermanos nacidos allá. Mi tía tiene doble nacionalidad. Si necesito hablar español siempre encuentro con quién. Somos cercanos.

Anoche en la televisión veía a un latino presumir que había votado por Trump, que estaba casado con una mexicana que había emigrado legalmente a los Estados Unidos y que todos deberían hacerlo así. Su defensa de la legalidad para la migración me hizo pensar en la Trump Tower de Chicago: las letras T R U M P se imponen en el paisaje con dimensiones descomunales (unos 10 metros de altura) que opacan la belleza del edificio.

Donald Trump lleva su propia legalidad. Prepotente legalidad. Prepotente ética. Prepotente triunfo. La palabra “trump” significa justamente eso. Siempre pienso en la posibilidad que alguien con quien no estoy de acuerdo tenga la razón. El latino de la televisión podría tenerla, Trump podría no haber “discriminado” a los mexicano-americanos sino sólo exigido legalidad. La hipótesis negativa se derrumba de inmediato. Trump no sólo odia a los mexicano–americanos, sólo acepta a los caucásicos, y dentro de éstos, a los esbeltos y guapos. Su propia y privada raza cósmica.

Trump sí es un peligro para la humanidad. Sí hay riesgo de un mal uso de los códigos nucleares (“el tipo que se enoja con un tuit no puede tener a su alcance los códigos nucleares”). Estados Unidos es un país de instituciones, pero se dobla muy fácil ante las manipulaciones. George Bush el Imbécil, por ejemplo, logró reelegirse con un discurso polarizante que manipuló al electorado; había probado su incapacidad los primeros cuatro años, pero el discurso de guerra le permitió reelegirse. Trump hará lo mismo y los mexicanos seremos el enemigo como lo fuimos esta campaña.

Hay riesgo de guerra. El inicio de la historia es el muro. México no pagará el muro, aunque nuestro pusilánime presidente tenga otra idea. El pretexto del muro será su discurso cada que necesite polarizar. Le funcionó anoche, lo intentará en las legislativas de 2018 y las presidenciales de 2020. Podrían ocurrir hechos que no vivimos desde 1914.

¿Exagero? Trump sabe utilizar a la gente. Para colmo tendrá al legislativo de su lado. Las manipulaciones son paso a pasito, no son abruptas. Los manipuladores tienen éxito por eso.

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¿Existe solución para los mexicanos o la humanidad? Todo es un albur, nada está escrito, pero sin duda el fundamentalismo nacionalista viene fuerte. Será salvación y perdición. No creo que en este momento podamos generar un líder fundamentalista mexicano, pero ocurrirá dentro de unos años.

El eje del nacionalismo es la identidad. Las ciudades modernas vienen construyendo la pluralidad de la identidad, cada persona es una nación. El nacionalismo unifica, fija reglas comunes sobre las que se afilian los connacionales. El nacionalismo es la antítesis de la ciudad moderna a no ser que la nación sea la ciudad misma. El nacionalismo es salvación porque unifica y es perdición porque divide a los que no caben en su nación.

Trump se parece tanto a Hitler que estoy aterrado.

Nespresso

Cuenta la leyenda que en el paquete de negocios que presionaron para el establecimiento de bahías para estacionamiento temporal en Masaryk estaba la boutique de cápsulas de café, Nespresso. Bueno, pues la tienda de Nespresso en Masaryk ya cerró, lo cual creo que resume muy bien lo que pasa allí.

Quienes me conocen sabe que critiqué este proyecto en múltiples ocasiones, pero que al final de cuentas el saldo de la remodelación, como infraestructura, es positivo. En este reportaje de Publímetro (Agosto 2015) se resume muy bien cuál fue mi postura siete meses antes de mi incorporación a la Autoridad del Espacio Público.

Lo que dije entonces lo sigo pensando. El gran error de Masaryk es pensar que Tiffany, Armani, Cartier, Louis Vuitton, Gucci, etc. van a llevar gente a este corredor. Nespresso cerró para centrar sus operaciones de Antara, el centro comercial aspiracional por excelencia. Si Nespresso prefirió vender en Antara y no en Masaryk dice mucho, la clientela no está llegando.

Masaryk tiene que ofrecer una experiencia absolutamente distinta: le será difícil competir con los centros comerciales de Polanco … tiene que funcionar como el conector entre ellos y, a su vez, debe dar la mejor experiencia al usuario.

Ahora que estoy al frente de la Autoridad del Espacio Público encuentro dificultades para instrumentar directamente las propuestas que hice en su momento: quitar las bahías ya no puede ser una decisión unilateral aunque me siga resultando estratégica, reemplazar bolardos de granito sí es algo que debe ocurrir pero requiere la gestión de un presupuesto, hay que lograr el soterramiento del cableado en los siguientes meses. Al final de cuentas, sin embargo, todos estos elementos se vuelven detalles. Masaryk sí está en condiciones de recibir a miles de personas tanto para pasear como para comprar, pero carece de un nicho que las atraiga.

El problema de Masaryk no es realmente la infraestructura, así falten los detalles mencionados. El problema de Masaryk es de falta de vocación. Insistiré una y otra vez. Las marcas “top” no llevan gente a Presidente Masaryk. Este paseo debe enfocarse a la clase media y seguro así la presencia de marca de las tiendas de lujo hará que se mantengan. Yo quiero ver en Masaryk a la clase media, de nada nos sirve ver a los escoltas de la clase alta en las bahías que llevaron al fracaso a la tienda de Nespresso.

No sigamos pensando en la infraestructura como algo aislado. Masaryk necesita gente, no prosapia.

 

 

 

 

* Tiffany, Armani, Cartier, Louis Vuitton, Gucci, Nespresso y Antara son marcas registradas.