Video Killed The Radio Star

En teoría (ya veremos si en la práctica sucede) en pocos meses se concretará una demanda urbanística de varios lustros: revertir la exigencia de “mínimos de estacionamiento” y convertirla en “máximos de estacionamiento”.

¿Qué pasaría si esta premisa de “máximos de estacionamiento” sigue criterios técnicos? Necesariamente tendríamos que dar una prioridad a algo: desestímulo del auto, recaudación, impactos, etc. Si llegamos a ser muy estrictos ocurrirá algo muy positivo para la ciudad: la transformación de los centros comerciales.

El “centro comercial” es un espacio cuyas fronteras están hechas, en México, a la medida del automóvil. Desde Plaza Universidad, uno de los primeros, hasta los más recientes, los centros comerciales han sido más amables para el usuario que llega en automóvil que para el de a pie … con todo y que los formatos han cambiado. Reforma 222 podría ser la excepción hasta cierto punto, o aquellas plazas mucho más sencillas que sí están orientadas al  usuario de a pie, como las del Centro Histórico.

¿Qué pasará si los desarrolladores de centros comerciales de pronto tienen que pagar fortunas para tener estacionamientos de varios niveles como hoy día? Más allá de trasladar el costo al usuario, algo que resulta deseable, este planteamiento tendría implicaciones ideales: limitar el tamaño de los centros comerciales y forzarlos en su diseño a un mejor vínculo con el usuario de a pie.

He visitado centros comerciales en Asia y son impactantes por muchas razones, pero una de ellas es porque se vuelven la extensión de la calle: decenas o cientos de comercios en un gran espacio, extienden su actividad hacia las banquetas desbordadas de personas comprando dentro y fuera de la plaza comercial. En mi escala de valores esto está bien: activa la economía de la zona y no sólo de los arrendatarios del centro comercial. El modelo mexicano, por el contrario, mata el comercio de calle y se lleva al cliente a un espacio generalmente controlado por un grupo reducido de marcas.

Por ello creo que la mayor presión para la modificación de los requerimientos de estacionamiento no vendrá de los fabricantes de automóviles sino de los desarrolladores de centros comerciales: su modelo está en riesgo. El video mató a la estrella del radio, nuestro modelo de centros comerciales pende absolutamente de una cantidad grosera de cajones de estacionamiento que, pese a todo, son insuficientes el Día de las Madres, el día de la venta nocturna y los días previos a la Navidad.

Restringir los espacios de estacionamiento en los centros comerciales retemblará en el modelo comercial mexicano: los nuevos centros comerciales tendrán que articularse con el nivel de banqueta y caerán como agua bendita a favor del pequeño comercio. Los viejos centros comerciales se revalorarán en una primera etapa, hasta que su clientela se dé cuenta que son viejos, y entonces tendrán que comunicarse mucho mejor con el peatón, generando frentes de calle. Otra bendición.

Los centros comerciales no desaparecerán de los mapas, pero su vínculo con el automóvil deberá volverse débil y fortalecerse la relación con la banqueta.

Reflexión final sobre el Cetram Chapultepec

En el caso del Cetram Chapultepec, a raíz de algunas reflexiones tuiteras, me cuestionaron mi postura a favor. Sigo pensando que la parte más débil del proyecto es la construcción del estacionamiento, pero que la más fuerte es la creación de comercio a nivel de calle. Sin embargo, la duda es válida ¿necesita el proyecto tres niveles comerciales? y la respuesta está en el modelo de negocio: ¿los niveles superiores del centro comercial están a la escala del hotel y edificio de oficinas o en realidad están pensados para atraer consumidores del entorno? obvio, es un atractor. Esto no es problema en tanto el centro comercial está integrado a una estación de transporte, se vuelve problema en tanto un estacionamiento lo vuelve un centro comercial típico.

Si se llegara a reducir al mínimo el estacionamiento del Cetram Chapultepec, el centro comercial quizá reduzca su tamaño, pero justo será un ejemplo de lo que he reflexionado en este artículo: una extensión del comercio en planta baja y no su abolición.

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