Gasolina cara

Soy de esos que fríamente dice: la gasolina debe ser cara.

El problema está en cómo llegamos a la gasolina cara y para qué llegamos a la gasolina cara.

A nivel nacional lo que yo haría es lo siguiente: despetrolizar las finanzas públicas, pero sí “engasolinarla”. Es decir: que Pemex pague tarifas por extracción de petróleo, pero que en términos generales los ingresos presupuestarios dependan poco de impuestos especiales a Pemex, como ocurría hace algunos años. Se ha avanzado, ciertamente, pero aún hay una alta dependencia.

el-economista

Como los ingresos deben sustituirse por algún lado, me parece que es del lado de los productos terminados donde tendrían que sustituirse. Es decir, cargar menos a Pemex y más al consumidor, dando oportunidad a una mayor eficiencia energética. No olvidemos que un sólo centavo de incremento alcanza a recaudar millones en un día.

Por otro lado, existe un precio óptimo de la gasolina. Como todos los “óptimos” en economía hay una función que encuentra su máximo beneficio en algún punto:

  1. Los derivados del petróleo y el petróleo mismo contaminan, así que la función debe significar algún desestímulo al consumo, a pesar de la inelasticidad del mismo.
  2. Gasolina y diesel sirven al transporte, pero socialmente prefiero su mayor eficiencia, de tal suerte que el precio debe contribuir a un uso predominantemente colectivo de los energéticos y no uno individual, por lo que esta función se traduce en la construcción de estímulos a la eficiencia en la movilidad.
  3. El desarrollo económico. En el mundo, en términos generales, los combustibles caros están relacionados con el desarrollo; claro que la lista está llena de excepciones, pero en términos generales la eficiencia energética contribuye al desarrollo, por lo que la función también debe premiar la eficiencia, aunque un commodity como la gasolina puede llegar a encarecer los mercados y en ese sentido desfavorecer consumo y productividad.
  4. El desarrollo social. Las dos primeras variables tienden a encarecer el precio del combustible, la tercera quizás también pero lo limita. ¿Cuál es el rol de los indicadores de bienestar social como salud, educación, acceso a alimentos, vivienda y bienes básicos? la función no puede menospreciar los impactos sociales de una gasolina cara, pero sí tener en cuenta que más ingresos públicos pueden favorecer una redistribución de la riqueza que beneficie a los pobres.

¿Cómo ponderar esta función? esa es otra discusión, pero sin duda una buena ponderación nos llevará al precio óptimo, el cual asumo será mucho más alto que el actual “post gasolinazo”. De hecho, el precio actual es cercano a los 71 centavos, que una investigación del CIDE determinó como el “impuesto óptimo a la gasolina”. Es decir, la sociedad entró en shock con gasolinas de 15 a 17 pesos cuando su precio óptimo, con base en la ecuación que desarrolló Fausto Hernández Trillo, debería estar alrededor de los 30 pesos.

Todo lo que es abrupto es mucho más difícil de asimilar. Quién se ha llevado mi queso, quién se ha llevado mi galón de gasolina. México venía de varios años de ajustes mensuales al precio de la gasolina. Como el consumo es por decenas de litros, en realidad los ajustes pueden ser de decenas o centenas de centavos, de tal suerte que mantenga una tendencia. Suspender los ajustes mensuales es el gran error, amén de las falsas expectativas que se generaron por una reforma energética pro – privatización. Aún si el precio óptimo fuera de 30 pesos, sería un error gravísimo hacer el ajuste en un solo momento, debería establecerse una estrategia para que, de la mano de los incrementos, se sintieran los beneficios (inversión en transporte público, asistencia social, medidas de mitigación, etc.).

En toda esta historia no deja de ser relevante recordar que quien quitó los ajustes mensuales fue Luís Videgaray, quien ejecuta el aumento a la gasolina es José Meade, que a su vez gestionó ajustes mensuales cuando fue el Secretario de Hacienda de Felipe Calderón, y sirve como cortina de humo al acto verdaderamente indignante: ponerle un canciller a modo a Trump. Luego sumemos que en el Estado de México (elección de gobernador este año) el precio aumentó menos que en otras entidades. El economista del ITAM – MIT, Videgaray, no actúa como economista, ha intentado actuar como político de la forma más burda y se ha convertido en el peor Secretario de Hacienda de las últimas cuatro décadas, independientemente de las adversidades internacionales: déficit presupuestal, inflación (todavía no llega pero ahí viene), devaluación, crisis y convulsión social. Al final de cuentas este cambio abrupto en el precio de las gasolinas es tan carente de estrategia que no se alcanza a rescatar un beneficio social.

Yo creo en la sinceridad del ejercicio público. Esta obsesión por decir que los precios deben bajar (gasolina, electricidad, gas, leche, huevo, transporte público, impuestos) sólo pospone las crisis, pero al final de cuentas es la causante. Hay que poner sobre la mesa la necesidad de un precio óptimo de la gasolina y una ruta para alcanzarlo. Hay que poner sobre la mesa un gran salto adelante en la gestión del transporte público en las grandes ciudades mexicanas que se financie con los impuestos a la gasolina. Hay que poner sobre la mesa la opción de despetrolizar las finanzas públicas pero incrementar el gasto social por la vía de los impuestos a la gasolina. Y hay muchos otros tragos amargos que hay que poner sobre la mesa, así sea impopular, porque lo menos popular de la historia será siempre la crisis.

 

 

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