14 semanas

Están por iniciar las campañas y, en mi calidad de servidor público, no podré expresar mi opinión respecto a mis votos. Así es el lineamiento que he recibido. Tengo mis consideraciones, pues de un lado me parece que desalienta el debate de fondo; aunque por otro, es recurrente la actitud del servidor público que defiende al grupo el que pertenece sin ningún razonamiento. Ahora bien, el lineamiento recibido aplica al inicio de campañas, que ocurrirá el 30 de marzo, por lo que esta publicación es la única consideración que haré en estas 14 semanas.

  1. Mi razonamiento al votar

Desde que dejé mi militancia partidista en 2010, mis votos dejaron de ser todos para una sola opción política. Cada voto tiene un razonamiento.

En México votar por la persona tiene sentido para cargos ejecutivos, no así para cargos legislativos. Los alcaldes, gobernadores y presidente obedecen, en la práctica, a su propio proyecto. Hacen alianzas pero son independientes. Votar por el más (adjetivo positivo) o por el menos (adjetivo negativo) tiene sentido. Digamos: la persona más honesta, preparada, experimentada, joven, progresista, etcétera o por el menos corrupto.

En el caso de los cargos legislativos lo que me resulta importante es la posición relativa en el Congreso o Asamblea. Si el Poder Ejecutivo estará en manos de A quiero ¿una oposición fuerte o una mayoría que le ayude a gobernar? Es decir, uno debería buscar contrapesos o soportes, en función de quién detente el Poder Ejecutivo.

Por último, tengo claros mis negativos, por qué partidos no suelo votar. El PRI siempre está a la cabeza (aunque PT y PVEM lo acompañan), aunque sí he votado por el PRI (Xiuh Tenorio en 2015).

  1. El razonamiento aplicado al 2018
    • Cargos Ejecutivos:
      • Presidente
      • Jefe de Gobierno
      • Alcalde
    • Cargos Legislativos
      • Diputados Federales
      • Senadores
      • Diputados Locales

Presidente. Es el voto más trascendente para todos. Es una decisión difícil, el país está en crisis (me pregunto si la palabra tiene plural). En algún momento sí me he planteado la interrogante de votar por Andrés Manuel López Obrador. En 2006 voté por Felipe Calderón; en 2012 estuve cerca de votar por AMLO … pero opté por anular mi voto (voté por @PapelCarbonell, para ser precisos).

Esta vez padezco lo mismo, no me gusta reducir a López Obrador a una simplificación de “un peligro para México”, pero la forma en que provoca en temas clave, sensibles, no es la de un demócrata. “Lo que diga la ciudadanía” no es democracia, es confianza en los mecanismos de manipulación política para obtener el respaldo de decisiones previamente tomadas. Mi preocupación con López Obrador es enfrentarme a la reducción de la discusión a blancos y negros.

No hace mucho publiqué esto en Facebook:

Vivimos la discusión reducida a nada. Armando Ríos Pínter era la opción más interesante de esta elección, pero el INE no le validó las firmas necesarias para ser candidato. Mis opciones reales se han vuelto esas dos: Anaya o anular. ¿Qué no me gusta de Anaya? Hay gente indefendible cerca de él (como cerca de Meade y de Andrés Manuel), pero también veo gente que vale mucho la pena que me hace pensar en un balance positivo de su posible triunfo.

Observen uno de los comentarios: “entre 2 delincuentes”. ¿Está claro lo débil que se vuelve argumentar en estas fechas? Como se ha cuestionado, AMLO purifica todo. Los demás no tienen ese Don. Eso es lo que más me preocupan del muy probable triunfo de Morena. Hay una debilidad argumentativa en su entorno, sólo están a la expectativa de lo que hace para justificar todo. He visto gente muy brillante, de esos a los que no se les va un desliz del gobernante en turno, pero ahora paulatinamente empiezan a publicar sobre los temas que está cuestionando Andrés Manuel, con enfoques similares.

Ya se está conformando un eje intelectual que defenderá cualquier capricho de López Obrador, eje intelectual del que han carecido tanto Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México como Enrique Peña a nivel nacional. Para bien y para mal. Insisto, veo gente muy brillante que terminará argumentando sobre ideas que responderán a caprichos políticos, porque una de las estrategias de AMLO es tomar decisiones a capricho.

El tema del aeropuerto es justamente un ejemplo de las decisiones a capricho. Llevamos 30 años discutiendo la estrategia aeroportuaria de la ciudad y cuando tenemos un aeropuerto de talla internacional a medio construir, cuando desde sociedad y gobierno muchos hemos dedicado mucho tiempo a la discusión, surge no sólo el cuestionamiento sino la amenaza: se cancela Texcoco. ¿Ese es el Último Hombre que nos promete Zaratustra?

El proyecto de Texcoco exige muchas aclaraciones, revisar los impactos ambientales a profundidad y compensarlos, hay que investigar a Gerardo Ruíz Esparza, sin duda el peor Secretario de Comunicaciones y Transportes de todos los tiempos, siempre rodeado de sospechas de corrupción. Sin embargo, hay tantas oportunidades de desarrollo regional detrás del aeropuerto de Texcoco, que sería una verdadera tragedia cancelar el proyecto a estas alturas.

Lo que sí me queda claro, es que todos los actores que paulatinamente veremos hablando, por ejemplo, en contra del aeropuerto de Texcoco y que antes no tenían una oposición tan clara, con lo que realmente simpatizan es con un gobierno autoritario. Lo que representa –no me tomen por cínico esta vez– esta construcción de la agenda es un gobierno autoritario cuando venimos de dos décadas de cuestionar todo, particularmente la última con el surgimiento de Tuiter. No hay decisión pública que no genere rechazo en redes sociales, porque incluso se ve mal que otros actores la defiendan … pero AMLO no padece esa vulnerabilidad, porque rápidamente surge su cuerpo intelectual que lo defiende.

No es el tema del peligro para México, es el tema de la simplificación de las ideas, del autoritarismo de facto por esa reducción del pensamiento. A lo mejor es lo que necesita México –insisto, no me tomen por cínico–, pero me resulta imposible de defender.

Ojo con este detalle de la conversación con analistas de Milenio:

Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes.

El problema es que han simulado demasiado con lo de la sociedad civil, es como lo de las candidaturas independientes que son independientes del pueblo, no de la mafia del poder, pero ahorita te aclaro, te voy a poner un ejemplo, la transparencia que tú citaste.

Un parapeto en el mejor de los casos, supuestamente promovido por la sociedad civil, independiente, ¿en qué terminó? El Instituto de la Transparencia que nos cuesta mil millones de pesos, promovido por Fox, pero apoyado por la sociedad civil.¿Saben qué fue lo último que resolvió el Instituto de la Transparencia? Mantener en secreto la investigación de Odebrecht, sobre los sobornos, esos instrumentos que se han creado para justificar, o mejor dicho para encubrir actos de corrupción, son instrumentos que se han venido creando para simular que se va a combatir la corrupción y al final lo que hacen es proteger la corrupción.

No sólo es lo que dice sobre el INAI, es el prejuicio a las iniciativas de la ciudadanía, la desconfianza a los intereses que pueden estar detrás de posiciones políticas (y que suelen estarlo, cierto) y la negación a este poder emanado de la sociedad (que es justo el que ha movido tanto agendas de minorías como otras agendas estratégicas como género, movilidad, cultura, juventud, entre otras). Es el mismo desdén con el que se ha despreciado la vida de los 43 normalistas por parte del gobierno federal y la derecha: estaban en malos pasos, su vida no es defendible. “No creo en las iniciativas independientes, tienen jefe, no reconozco sus derechos.”

Andrés Manuel López Obrador, de ganar, puede refrescar mucho la política que está absolutamente viciada, pero no representa la quimera que persigo y le pone riesgos a las agendas que defiendo o con  las que simpatizo. No descarto que al cabo de seis años su paso por la Presidencia sea muy positivo: estoy abierto a ser gobernado por alguien con quien no simpatizo, y eso es algo que nos hace mucha falta a los mexicanos.

Explico, para terminar esta sección, por qué Meade no y Margarita Zavala tampoco. Mi imagen de Meade se desploma día a día. De amigos en común escucho las mejores opiniones, pero lo que veo en medios es un candidato pusilánime, sin agenda, secuestrado por el “estratega” de esta administración federal (el becario de la Cancillería), montando el mismo discurso inverosímil de la Procuraduría General de la República y el PRI sobre el supuesto lavado de dinero de Ricardo Anaya. Más allá de si hay materia o no para la acusación a Anaya, está claro que nuestro superarchirecontrachingón técnico terminó secuestrado por un despacho mediocre de estrategia electoral ¿ese es mi próximo presidente? #oritanogracias

Con Margarita Zavala veo algo peor, de un lado me resulta una comparsa del PRI; por otro, la agenda conservadora anti derechos LGBTTTI. Al final de cuentas Zavala tampoco se mueve con libertad, forma parte de un grupo que está pensando en “el día siguiente”. Sobre ella cae la sospecha que haya sido la única que junto las firmas y de panzazo. Su misión de grupo es que no crezca Anaya y posicionar a alguien para hacerse del control del PAN pasada la elección (tal como en su momento hizo Felipe Calderón con Josefina Vázquez Mota, a quien le cobró que haya vencido a Ernesto Cordero en las internas del PAN).

Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Este es mi tema claro está, y como lo publiqué en alguna ocasión, me habría gustado estar en la boleta aún sin posibilidades, sólo por la agenda de ciudad. La realidad es que no me siento representado por ninguna de las candidatas o de los candidatos. Es muy probable que termine votando por Marcos Rascón –aunque el partido que lo postula me revienta–. El resultado es bastante obvio, al menos tenemos claro que será una mujer la que nos represente a partir del 5 de diciembre, pero hasta el nombre es bastante obvio: ¿qué pasará con la agenda de transporte, espacio público y desarrollo urbano que he defendido?

Esa es justamente mi labor una vez que deje la Autoridad del Espacio Público: necesitamos que el llamado “nuevo modelo de movilidad” deje de ser el “blá blá blá” que ha sido hasta ahora y se instrumenten las acciones que lo hagan realidad y eso lo tendremos que hacer fuera del gobierno, gane quien gane. Ya en otra publicación hablaré de los retos en esta agenda.

Alcalde en Benito Juárez. El PAN ha ganado las 6 elecciones desde 2000 y ha gobernado con absoluta comodidad. Benito Juárez ha sido, junto a Miguel Hidalgo, mi espacio de acción. Es ahí donde conozco a los actores, donde suelo ser amigo de algunos candidatos. Todavía veo ventaja de Acción Nacional y esto marca en buena medida mi probable voto, el PAN debe salir todos los días a luchar por la delegación, debe dejar atrás el territorio cómodo que ha tenido durante 18 años, debe sentirse presionado. Una elección competida hará una delegación mejor gobernada.

Diputados Federales.  Si llega a ganar López Obrador, con su forma de presentar los dilemas en blanco y negro ¿de verdad queremos que cuente con mayoría absoluta en alguna de las Cámaras? Absolutamente no. Revisaré las listas, mi voto está entre Partido de la Revolución Democrática o Movimiento Ciudadano.

Senadores. Mi voto es por Patricia Mercado. Es decir, Movimiento Ciudadano. Sin dudarlo. Admiración y aprendizaje, por lo menos.

Diputados locales. Vaya conflicto. Christian Von Roehrich, por el Frente; Paula Soto, por Morena. Ambos amigos. Paula con una agenda muy clara, género, que necesita su representación en el Congreso de la Ciudad de México. Si lo más probable es que gane Claudia Sheinbaum lo mejor será que esté acotada, lo que incentivaría un voto contra Morena … pero Paula no es de Morena, no la veo secuestrada por una fracción parlamentaria (De hecho, en la IV Legisltatura supo marcar distancia a muchas decisiones del PAN en el que militaba). En fin, no es una decisión sencilla.

  1. Instituciones

En el país nos urgen instituciones, y eso es bastante claro ¿cuáles? allí está el dilema.

Credibilidad. En Perú el presidente renuncia por un escándalo de corrupción que llega hasta México. Realmente Peña Nieto debió renunciar a la Presidencia en 2014 … aunque el cargo no es precisamente renunciable por definición constitucional. La corrupción de Peña está más que probada: propiedades donadas, conflicto de interés en el caso de la Casa Blanca, más todos los otros conflictos en los que lo metió Gerardo Ruíz Esparza (tren a Querétaro, OHL, Aeropuerto, Socavón, etc.) y sumémosle la presencia del peor secretario de Hacienda desde los irresponsábles déficits de los años setenta. ¿Cómo detonar credibilidad?

Me parece que necesitamos dos cosas, empoderar a los técnicos (poder de carácter técnico) sin generar vínculo político, respetar las instituciones creadas con esta estructuración técnica. Esta costumbre de conformar instituciones autónomas con cuotas de partido sí es un peligro para México. Existe una alternativa: ser estrictos en la selección de candidatos, pero elegir entre los seleccionados de manera aleatoria y no partidista. Aplica para INE, INAI, Inetel, Suprema Corte y lo que se nos ocurra. Lamentablemente no estamos en esta vía.

Partidos y ciudadanos. Necesitamos una reforma del sistema de partidos que no sea diseñada por los partidos. Necesitamos que los partidos se queden callados en la discusión, que generemos consensos y que haya un compromiso de los partidos por aprobarla sin que ellos participen de la discusión. ¿Estoy pidiendo un imposible? Estoy pidiendo lo que necesitamos. La siguiente reforma electoral, y como sabemos es una costumbre sexenal con más de 60 años de tradición, será a la medida de los partidos … por eso debemos cocinar una reforma al sistema de partidos sin los partidos.

Continuidad. Debemos de dejar de jugarnos el futuro de México en cada elección. Elevamos tanto las expectativas cada seis años que mantenemos una gran frustración con el resultado. La democracia exige continuidad, no mesías sexenales. México elige presidentes de seis años no de medio siglo. Deben pensar y planear el futuro, sin duda, pero de manera agregada con el anterior y el sucesor.

 

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