Regulación precisa

La comparecencia de ayer de Mark Zuckerberg es un caso muy interesante de cómo los particulares pueden (y lo podríamos decir en primera persona cualquiera de nosotros, en un momento dado) llegar a sacar ventaja de las fallas en la regulación.
No es un tema de Zuckerberg solamente, son miles de circunstancias en que las cosas no funcionan por una regulación inadecuada o insuficiente. Cuando la confianza prevalece, las reglas escritas son innecesarias; paro cuando no, las reglas escritas deben ser cada vez más detalladas.
Yo no estoy pensando en Facebook (aunque hayan vendido mis datos y los algoritmos que se construyen de mis likes), hasta el momento el Facebook me ha hecho muy feliz, por lo que he compartido, por lo que me han compartido, por lo que me han hecho reír, por las personas que he conocido o reencontrado. Estoy pensando en el tema peatonal.
  • Edificios que le imponen su nivel a la calle porque pareciera que nadie con capacidad de generar regulación establece cosas tan básicas como respetar el nivel de la calle … y échenle un ojo a desarrollos “modelo” como Torre Manacar, que hizo lo que se le dio la gana sin que haya instrumentos para exigirle nada.
  • Muros ciegos y entradas de estacionamiento cuando necesitamos pequeño comercio … y lo seguimos haciendo, y si el uso de suelo sólo dice “H”, vale un carajo lo que digamos en los foros de urbanismo, que no habrá plantas bajas activas.
  • No hay cómo empatar el grado de desarrollo de la ciudad, con las necesidades del peatón. Mientras unos perseguimos proyectos específicos donde se hagan las cosas bien, la industria inmobiliaria sigue haciendo cosas mal porque no hemos generado las normas técnicas peatonales que aseguren que, por ejemplo, las banquetas no queden con una inclinación hacia la calle en las entradas de coche, o que no desborden sus escaleras a las zonas peatonales.
  • La mayoría de las medidas de integración urbana que maneja Seduvi son un desperdicio: no se ven por ningún lado. Estrictamente se trata de acciones de interés público que carecen de regulación, no son transparentes, no están sujetas a un plan sino a la improvisación y no se convierten en un mecanismo para detonar el desarrollo equitativo de la ciudad.

Como sociedad necesitamos mecanismos para actualizar la regulación con base en las necesidades públicas. No es Mark Zuckerberg quien falla, tampoco somos los que damos aceptar a los “Términos y Condiciones” … es el Estado que no va detrás protegiendo los derechos de las personas y generando mecanismos inteligentes de actualización del sistema de normas cuando los mecanismos de confianza (es decir, de “no-regulación”) no son suficientes.

 

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