Objetividad

Es difícil ser objetivo y más en tiempos electorales. Creo estar siéndolo pero conforme leo opiniones respecto al debate del 22 de abril confirmo que los mexicanos estamos viviendo en países distintos según nuestras filiaciones o no filiaciones.

Bajo mi perspectiva, Anaya ganó el debate, lo que no significa que vaya a ganar la elección ni que se haya acercado en las encuestas de manera significativa (todavía no he visto una encuesta pos-debate). Simplemente que tundió a López Obrador, no se peleó con los otros candidatos y éstos no tuvieron un desempeño tal que los hicieran brillar más. López Obrador, como en el futbol, salió por el empate porque eso le aseguraba su posición de líder y era la estrategia correcta.

Al abrir distintos medios leo, de un lado el lamento: “todos contra AMLO”. De otro, algo que me resulta absolutamente ridículo y demerita a los medios que lo sentencian: “Meade ganó el debate”. Luego, conforme “Verificado 2018” analiza el contenido del debate, los simpatizantes de AMLO destacan a un Anaya mentiroso, lo cual también es una mentira: Anaya usó los datos a su conveniencia, tal como quienes lo acusan de mentiroso.

Ejemplo: el tema de los secuestros. Ricardo Anaya acusó “un aumento de 88% de los secuestros, por cada 100 casos en el país”. Convirtió una cifra absoluta en una relativa al desempeño nacional, de tal suerte que un dato presumiblemente bueno para la ciudad, se convierte en un dato malo. Andrés Manuel López Obrador también juega con las cifras: en los gobiernos panistas el secuestro creció tres veces, lo que estrictamente sucedió en el de Felipe Calderón, ya que en el de Vicente Fox el incremento fue de 15.25%, según Verificado 2018.

En el análisis de Verificado encuentro este texto:

El equipo de Verificado 2018 revisó las cifras oficiales delictivas de 2000 a 2005 y encontramos que efectivamente Andrés Manuel logró bajar el número de secuestros en la capital.

OJO: lo que no dice Verificado 2018 es si la reducción fue efectivamente del 38% como presumió López Obrador en el debate.

Si me voy a lo que en realidad se vivió en esos años en la Ciudad de México sí es una disminución de la delincuencia. ¿En qué forma, años, delitos, percepciones? tendría que investigar más sobre el tema, pero hay una realidad: la CDMX sí enfrentó una tendencia descendente en la inseguridad, por lo que más allá de la relativización de las cifras, AMLO sí tiene buenas cuentas que presumir. Pero desde esos años ha habido un esfuerzo de algunos grupos por comunicar lo opuesto: la mayor marcha contra la delincuencia se dio justamente durante el gobierno de López Obrador, quien la minimizó. Esto construye la idea de dos países: el de los que ven en AMLO la salvación y el de los que ven el infierno. Obvio, hay muchos mexicanos en medio. AMLO le habla a los suyos, Anaya a los otros, y ambos a los que están en medio.

La campaña es para convencer. En el debate dominaron los golpes pero algo hubo de propuesta. AMLO siempre tiende a personalizar las soluciones y este fue el caso: confiar en él es la solución a temas de corrupción, inseguridad, gobierno, etc. Las propuestas de Meade o Anaya son más redondas. Cuestionar a AMLO por la posible amnistía a delincuentes o que éste invoque al Papa Francisco, es algo perfectamente lógico, pero los días siguientes al debate tuvo que salir Olga Sánchez Cordero a redondear la idea (que, confieso, tal como ella la presenta me parece sensata) … algo que López Obrador no ha podido hacer desde que mencionó la palabra amnistía en público.

De hecho, para suavizar su responsabilidad en la amnistía, varios lopezobradoristas y él mismo, han tendido a referir que no es el presidente quien la autorizará sino el Congreso. Esto no quita la autoría del tema, ni tampoco que López Obrador se ha negado a hacer precisiones como sí las han hecho Sánchez Cordero y otros. Me atrevería a decir que hasta es intencional: a López Obrador le gusta que hablen de él, que se haga polémica en torno a sus dichos. Esto no deja de ser tan maniqueo, como la forma de presentación de las cifras sobre secuestro por parte de Anaya: ambos están en campaña y así hay que juzgarlos, no como máquinas transparentes de emitir verdades.

No todos, sin embargo, piensan igual. Creo que soy de los NO-Lopezobradoristas más condescendientes con él. Julio Patán escribió esto y el número de retuites refleja la afinidad a la idea de que AMLO “no tiene nada que comunicar”:

Voy a pasar a uno de los temas críticos, no tan relevantes en el debate: el rol de la sociedad civil. Hace poco más de un mes, López Obrador dijo algo verdaderamente preocupante que sus seguidores no alcanzan a dimensionar. El desdén por la sociedad organizada:

“Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes”

Y de hecho su declaración continuó con el desdén hacia instituciones ciudadanizadas, como el Instituto Nacional de Acceso a la Información. No voy a entrar en detalle pero es una veta también preocupante.

Hernán Gómez Bruera analiza de  una manera muy benevolente con López Obrador este supuesto desliz (lapsus, diría yo):

Lopez Obrador se equivoca regularmente en su manera de comunicar. Su error más reciente ocurrió durante la entrevista a Milenio, cuando pronunció una frase infeliz: “Le tengo desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes”.

(…)

La sociedad civil es mucho más que las organizaciones de cúpula que se han vuelto visibles gracias al espacio privilegiado que les otorgan los medios. (…)

(…)

AMLO no está en contra de la sociedad civil. Lo que busca, en todo caso, es escuchar y empoderar a otra sociedad civil, una a la que hasta ahora le hemos dado la espalda.

No tengo la menor duda que hay que detonar mucha organización en la sociedad, particularmente en esos rincones del país que por falta de educación, por pobreza, por represión, la sociedad enfrenta dificultades para organizarse. Pero de allí a calificar a una sociedad civil “buena” y a una “mala” me parece que sí estamos llegando a la esencia de las preocupaciones en torno a López Obrador.

Si se trata de combate a la corrupción, Claudio X González (Mexicanos contra la corrupción) es descalificado constantemente por López Obrador. Si se trata de la Fiscalía General de la República, las organizaciones que buscan influir en el proceso se ganan un apelativo: “fifí”. Hay que tener claro algo, el derecho a organizarse es constitucional y no juzga el origen de los organizados.

¿Hay intereses en la sociedad civil? Sin duda. Pero al final de cuentas la sociedad busca la influencia, da argumentos, cabildea, presiona, abandona … pero las instituciones del Estado deben tomar en cuenta a la sociedad y tomar la mejor decisión. Esto toca otro de los temas en la agenda de López Obrador: la revocación del mandato. Si el gobierno no puede tomar las decisiones más responsables porque ha de enfrentarse a un proceso de consulta, el gobierno sólo tomará las decisiones más populares. Adiós nuevos impuestos, adiós decisiones difíciles, adiós sacrificios, adiós visión de largo plazo … adiós sociedad civil, porque sólo serán escuchadas las voces que se alineen con la perspectiva cortoplacista.

Vuelvo a la marcha del silencio del 27 de junio de 2004. ¿Cómo se juntaron cientos de miles de personas? ¿Cómo fue que por primera vez se desbordó Paseo de la Reforma, y para colmo en una marcha no convocada por la izquierda? Era una marcha que sí tenía que ver con otros intereses, con el conservadurismo, se habría empleado para su convocatoria la estructura de distribución de una empresa que fabrica pan. En aquel entonces, López Obrador minimizó las expresiones:  “en la movilización hubo “manipulación” de las derechas, oportunismo del gobierno federal y “amarillismo” de algunos medios”.

¿Se puede minimizar la expresión de tanta gente? Esa es justo la preocupación del cada vez más probable triunfo de López Obrador. Hay ciudadanos buenos (los que están con él, así su pasado sea desastroso) y hay ciudadanos malos (ya habrá un pecado que recordar de ellos). Se vienen años de gobierno manipulador, de un discurso que pondrá las cosas en blanco y negro. Probablemente el Osito Bimbo metió su mano en la marcha de 2004, como otros intereses meterán su mano en su momento, pero si hay eco en la sociedad es porque algo más pasa.

Con sorpresa veo cómo equipo de campaña y seguidores de Andrés Manuel López Obrador se esfuerzan, bien y con entusiasmo, en contrarrestar los efectos negativos del debate. No lo reconocen pero saben que lo perdieron, entonces ahora deben destacar las #MentirasdeAnaya. Las otras campañas no reflejan el mismo entusiasmo. La forma como se intenta generar odio hacia AMLO destaca justamente la falta de entusiasmo:

IMG_0596

El resultado es una sociedad polarizada, incluso en más de dos polos. No estamos discutiendo a profundidad las rutas de los temas que nos importan. Las posibilidades de éxito de gobiernos del PRI o el Frente, suponiendo que ganen las elecciones, son mínimas. Sí hay un hartazgo y ambos candidatos, José Meade y Ricardo Anaya, están rodeados lo mismo de personas preparadas, que de “nomenclaturas” de los partidos que los postulan, que de gente que representa lo que no ha funcionado. Las dudas sobre sus proyectos son auténticas.

Pero también hay una parte del proyecto de nación (que de alguna manera estableció la llamada “tecnocracia” a partir del sexenio de Miguel de la Madrid) que sí ha funcionado: los pactos comerciales, la industrialización para exportación, el crecimiento de la infraestructura. Incluso, a pesar de que se denunciara el crecimiento de la pobreza en los gobiernos de Calderón y Peña (4 millones según López Obrador, otro dato no verificado), el número fue absoluto, no relativo, y en algunos casos ni siquiera absoluto, según Coneval.

AMLO no es Donald Trump ni Nicolás Maduro, pero sí coinciden en una realidad simplificada y polarizada. El desastre que representan los partidos tradicionales hace difícil que una de esas dos coaliciones pueda triunfar sobre “Juntos haremos historia”. Pero López Obrador es incompleto, provocador, manipulador … aunque eso ya no importa, está rodeado de romanticismo, hay mucha gente encantada, mucha gente que será muy feliz, que llorará de esperanza el 1 de julio, como ocurrió 18 años atrás y Vicente Fox agotó la esperanza lo más que pudo.

Pienso que sólo AMLO puede proponer ideas como la amnistía, como la cancelación del Aeropuerto de Texcoco o la revocación del mandato, y sus huestes terminan de construir el argumento, mientras que sus rivales serían destruidos. No veo hordas de frentistas entusiastas en torno a la propuesta de Pensión Universal que hace Ricardo Anaya; sí veo lopezobradoristas compartiendo artículos y videos sobre la amnistía, cuestionando los ataques de Anaya, discutiendo en todos los espacios.

Estamos vislumbrando ese momento en que a la idea le llega su tiempo. Muchos no estamos convencidos o no completamente convencidos, o aún convencidos tenemos dudas, escepticismo, algún temor. No pasa nada, somos demócratas o debemos serlo. Debemos mirar más allá, mirar en el largo plazo y estar conscientes que se puede estar gobernado por el otro, por el contrario. Al país le hace mucha falta la sacudida, así no simpaticemos con esta sacudida.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s