Protocolos de participación ciudadana

Andrés Manuel López Obrador es una persona de grandes cualidades. Es tenaz, hace que los demás hablen de lo que él quiere que hablen. Su discurso rápidamente encuentra aliados, tenga razón o no.

En cuatro meses ya tenemos una retahíla de anécdotas de lo que no debe ser: desde diputados en estado de ebriedad que matan manejando, una boda “fifí”, corazoncitos y discriminación a la prensa “fifí”. Estrictamente es un desastre. Pero en el círculo del presidente electo (o al menos entre sus actuales seguidores), hay gente brillante que en este momento va defendiendo lo indefendible. Vivimos la relativización de las posturas: el diputado no iba manejando, la boda no es un acto de incongruencia porque no ocupó recurso público y los corazoncitos fue una expresión fraternal y no sexista.

A esto sumaría posturas inverosímiles pero menos polémicas como incluir a la hija de la futura Secretaria de Gobernación, y a la esposa del contratista más cuestionado, en una probable terna para la Suprema Corte de Justicia; o que tras meses de cuestionamientos a Enrique Peña por el “fiscal carnal”, al final se opte por un proceso cerrado de designación, en vez de generar procesos abiertos como demanda la sociedad.

Al final de cuentas todo será relativo a partir de hoy porque lo que reemplazamos fue un sistema hegemónico (PRI) por otro. Entonces este nuevo sistema tendrá argumentos para todo (al PRI, si recuerdan, debíamos agradecerle no sólo el IMSS sino hasta la luz del sol). La crítica será vista como revanchismo, desventura, la derecha … una etiqueta, al fin.

A unas horas de conocer el resultado de la “consulta privada” (sic) puedo estar convencido de lo que pasará: en unas semanas se abandonará la construcción del Aeropuerto de Texcoco. No tengo la menor duda. La decisión la tomó AMLO, a pesar de la parafernalia de la consulta: todo ha estado sesgado a favor de un sistema aeroportuario a todas luces inviable e irrisorio.

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Sé que hoy las leyes no permiten una consulta fuera de las elecciones federales trienales … pero eso se puede modificar y generar una consulta o referéndum, verdaderamente democrático: convocada por el INE, con una discusión sobre la redacción de la pregunta, colores de tinta neutros, comités y reglas de campaña claramente establecidos. Todo el equipo cercano al presidente electo ha tenido un comportamiento sesgado y, en el caso del futuro secretario de Comunicaciones y Transporte, hasta deplorable.

Las consultas públicas no son un activo democrático por si solas. Que haya más consultas, me puede resultar positivo. Que el PRI quiera regular que las consultas no puedan hacerse respecto a la obra pública, me resulta también negativo. Sin embargo, la consulta debe estar dirigida a una pregunta pertinente y no a una pregunta impertinente.

¿A qué llamo “pregunta pertinente”?

Consultar con información asimétrica no es democrático. En este momento creo que la pregunta pertinente es si queremos ser un país con infraestructura basta para un desarrollo económico creciente o preferimos contar con infraestructura moderada, minimizando los impactos de la misma, pero asumiendo menores impactos en el crecimiento económico.

La discusión de fondo, me parece, es esa. El grupo político que ganó el poder el pasado 1 de julio no tiene mucha fe en el desarrollo por el desarrollo. Ciertamente el tren maya no es una propuesta congruente con este “anti – desarrollismo”, pero leo que la postura dominante en la élite de Morena sí es “anti – desarrollista”. “Desarrollismo” refiere a la búsqueda del desarrollo a toda costa (que no es mi posición), pero la postura antagónica empieza a cuestionarse cada obra de infraestructura hasta descontextualizarla del desarrollo … ¡justo lo que está pasando con el aeropuerto!

El “desarrollismo” no fue votado el 1 de julio y creo que muchas agendas de Morena no fueron votadas, sino que su desempeño exitoso, inédito y digno de festejo, fue el referéndum de un status quo que ya no aguantaba más. El contar con mayorías en las cámaras está siendo traducido, en el lenguaje del poder, como aval para combatir todo lo que provenga de las hegemonías anteriores. Me parece que lo que quiso decir el electorado no fue exactamente eso, pero contar con mayoría absoluta en ambas cámaras, así sea con una coalición, dificulta refutar cualquier verdad que emane de ellos.

En el discurso y propuestas de política del presidente electo leemos muchos mensajes hacia la descentralización geográfica de la economía. El NAIM es incongruente con esa descentralización (no así el tren maya), amén que hay un gran escepticismo respecto a todo lo que hizo Enrique Peña. No obstante, este proyecto en realidad tiene tantos años en preparación que cuenta con gran solidez técnica que la crítica automatizada es incapaz de discernir. Eso no quita que haya grandes dudas (las aves, la capacidad hidráulica, la especulación de la tierra, la estabilidad del terreno, etc.), pero al ser una obra tan contradictoria con el nuevo gobierno, resulta mejor cancelarla (argumento que no comparto, pero esta es mi lectura de por qué se toma la decisión).

La participación de más de un millón de personas en la consulta tiene grandes elementos positivos, pero si vamos a hacer las preguntas incorrectas (por ejemplo, si todo hace suponer que Santa Lucía carece de viabilidad, para qué incluirlo en la pregunta si claramente nos estamos preguntando otra cosa: ¿Seguimos con Texcoco o buscamos otras opciones?). Yo mismo he defendido lo que representó en Catalunya la participación de 2 millones de personas en un referéndum independentista declarado ilegal y perseguido por la policía nacional: significa que dos millones de personas quieren la independencia, como aquí significa que más de un millón de personas quiere la discusión democrática de un tema tan importante.

Sin embargo, a diferencia del 1-O (como se le llama al referéndum independentista), donde los opositores a la independencia prácticamente no participaron, ésta consulta sí ha atraído a algunos que se opondrían a la consulta misma y que consideran la discusión un absurdo: básicamente estas personas estarían preocupadas, como yo, por las implicaciones de abandonar la obra. Hubo al menos dos articulistas, Pascal Beltrán del Río y Federico Reyes Heroles, que abiertamente cuestionaron la posible participación porque era legitimarla. Escribo esto en los últimos minutos del 27 de septiembre, y no he votado, y para ser francos, ni siquiera he buscado la ubicación de los centros de votación porque vivo el conflicto entre legitimar lo ilegítimo, la convicción de que la decisión está tomada y una disciplina de luchar aunque las causas estén perdidas.

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El nuevo bloque hegemónico, es decir, el morenismo, defiende un discurso a favor de las consultas (este meme lo puso Javier Hidalgo en mi Facebook, en una conversación). Pero también tiene una postura adicional: las imágenes represivas del cuadro inferior presentan al régimen saliente como absolutamente represivo. En realidad no lo era, pero sin duda hay suficientes actos represivos que prueban al menos la existencia de una “represión selectiva”. Detrás de la obra del aeropuerto hubo incluso violaciones de la policía peñista. Esta obra está perseguida por un grupo que llega al poder, desde hace años.

Consultar no puede ser solamente una pregunta Sí/No, sino entender la trascendencia de cada acción y generar procesos de participación ciudadana según la escala o el impacto de los proyectos. La idea de hacer muchas consultas no es más democrática que la realidad actual: construir discusiones democráticas es mucho más importante. Si vamos a discutir sobre obras, en vez de consultarlas una por una tendríamos que consultar el plan completo, generar visión de conjunto. Necesitamos generar protocolos de participación ciudadana, esta es una idea que quiero aterrizar en los próximos meses, ya les estaré contando.

Por último, como he dicho a lo largo del artículo: la decisión está tomada, sin duda alguna. Este domingo sabremos de la cancelación del proyecto de Texcoco, pero de lo que no sabremos es del az bajo la manga del presidente electo. Difícilmente Santa Lucía será certificable, mucho menos estará lista en 2024, y hay dudas respecto a los costos de cancelación de los contratos del NAIM, o la posibilidad jurídica de hacerlo. Esto también incluye la emisión de bonos y la presencia de ahorros de fondos de jubilación. No sé cuál es ese az, porque AMLO es impredecible y creativo, pero sospecho que la solución estaría por la vía de evitar que el aeropuerto se termine en su gestión. En fin, espero equivocarme

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