Seguro de Gastos Médicos Mayores

Mis antecedentes

He tenido, digamos, el privilegio de haber estado protegido por un seguro de gastos médicos mayores en al menos tres ocasiones por un tiempo aproximado de 6 años, en conjunto. Las dos primeras veces, una como Delegado de Profepa y otra como Director General en Semarnat, en Metlife; la última, a través del Gobierno de la Ciudad de México, en la aseguradora del Banco Bx+.

Mi padre fue servidor público en más de una ocasión. Cuando murió, 1984, era desempleado y no contaba con cobertura de ningún seguro, pero lo atendieron en el IMSS. Murió en el hospital de Gabriel Mancera y Xola, hoy Hospital General Regional #1. Mi madre fue atendida en el IMSS en 2014 por una anemia severa.

Yo he sido asegurado del ISSSTE las mismas veces que conté con seguro privado otorgado por los gobiernos federal y local, así como el año dos meses que trabajé en el Instituto Electoral del DF. Mi cuñado fue atendido en varias ocasiones en el ISSSTE, en el Hospital López Mateos, donde finalmente murió. A lo largo de mi vida laboral también he sido asegurado de Pemex, con su propio sistema de salud, y del Nacional Monte de Piedad, en su momento con algunas clínicas pero hospitalización subrogada.

Tengo casi 30 años de trabajar, 47 años de edad, al momento de escribir estas líneas no estoy respaldado por ningún sistema de salud, ni de jubilación. ¿Por qué? En ambas materias el país es un desorden. Quien trabaja toda su vida en la iniciativa privada, puede jubilarse en el IMSS; quien trabaja toda su vida en el gobierno, puede hacerlo en el ISSSTE; para los de Pemex, allí mismo. Los que cambian, los que “freelancean”, etc. quedan desprotegidos.

Yo nací en un hospital privado, he sido operado de una hernia inguinal y de una ruptura de ligamentos, ambas en hospital privado, pagado por mi seguro cuando ya no era funcionario. Mis hijos también nacieron en un hospital privado.

Mi reflexión

IMSS e ISSSTE generalmente cuentan con los mejores médicos en la mayor cantidad de especialidades, lo terrible es su burocracia pero también la falta de intimidad. Los tres días que mi madre estuvo internada con anemia, sujeta a transfusiones, tuvo contacto con magníficos hematólogos, pero estuvo en una sala común, compartiendo el espacio con una docena de pacientes, sin pertenencias cerca. La salida del hospital fue burocrática.

En el caso de mi cuñado, el trámite del certificado de defunción duró horas y terminó con errores; las veces que estuvo internado, igualmente, puedo referir la falta de intimidad en una sala común.

En una ocasión llegué con una computadora al Hospital López Mateos del ISSSTE a acompañar a mi cuñado: no me permitieron pasar con la computadora (tuve que llamar a un Uber para que la llevara a otro lado), por tanto no pude trabajar mientras él dormía.

Fuera de los hospitales públicos todos podemos ver la misma realidad: decenas de personas sin un lugar para sentarse, resguardarse del clima, esperando las horas de acceso, se exige que permanezca un familiar, sólo hay un “pase” por enfermo, y un sinnúmero de incomodidades. A menudo los hospitales cuentan con una plazoleta, enrejada, a la que no dejan pasar si no se tiene el famoso pase.

En los  hospitales privados he tenido cama para que me acompañe un familiar, o yo acompañar a mi esposa, y en alguna ocasión hasta una pequeña sala para recibir visitas (y permitir la intimidad de la madre cuando amamanta). Hay cafetería, capilla, wifi, entre otras comodidades.

Ambos sistemas, el público y el privado, son diametralmente opuestos. Cancelar el seguro de gastos médicos mayores a investigadores, funcionarios, legisladores y demás, tiene un impacto en su calidad de vida. No he hablado de tratamientos especiales en el sistema público de salud, pero también puede llegar a ser complicado el trámite de medicinas no comunes, estudios, cirugías, prótesis, etc.

Independientemente del costo, pagar a los funcionarios un sistema privado los mantiene lejos de la sensibilidad de las fallas de un sistema público, pero no pagarlo puede generar severas complicaciones para algunas personas, además de impactar su productividad (es ahí donde pagar un seguro a los servidores mejor remunerados hace sentido). ¿Puede haber una solución distinta?

Mi propuesta

Voy a plantear varias ideas:

  1. La contratación individual de seguros de gastos médicos puede llegar a ser muy cara. El gobierno sí puede hacer una negociación colectiva para que cada servidor público, con sus recursos, pague un seguro de gastos médicos privado e incluso lo pueda prorrogar después de dejar el cargo con los mismos beneficios. Esto ayudaría muchísimo sin costo para el gobierno.
  2. Cada tratamiento, desde un resfriado hasta un cáncer, tiene un costo para el gobierno. Si un funcionario se atiende, digamos, una fractura, en un hospital privado, está ahorrando al ISSSTE un gasto, que podría deducir de su factura en el hospital privado. Es decir, puede haber un mecanismo mixto donde ciertos tratamientos puedan ser atendidos por hospitales privados sin saturar la estructura pública y reduciendo el costo al servidor público (hay quien plantea, y coincido, que el nivel primario de salud debería atenderse indistintamente por públicos y privados pero hacerlo universal, y dejar la atención secundaria y terciaria el Estado).
  3. Tiene que haber un programa muy intensivo de mejora más que de la calidad, de la calidez del sistema público de salud. Hay que ser mucho más empáticos con el paciente y su familia.
  4. Hay que llevar estándares de servicio de los hospitales privados al sistema público.
  5. El ahorro en los seguros de gastos médicos mayores debe ser la primera inversión para mejora de la calidez en el sistema público de salud: cada peso que se deje de gastar en seguros no puede ser para reducir presupuestos, sino para fortalecer la calidez.

Insisto en el tema de la calidez porque si paciente y familiar están horas sin hacer nada en un hospital, lo menos que pueden tener son comodidades básicas: para higiene, para entretenimiento, trabajo, intimidad. Ni pacientes ni familiares pueden ser tratados como un número. No basta con tener los mejores médicos.

Si se elimina el seguro de gastos médicos hay que ayudar no sólo a que mejore la salud de los pacientes, sino la comodidad de todos los involucrados en el proceso.

Si se aspira a la cobertura universal de salud, y creo que todos aspiramos a ella, hay que ser sumamente tecnocráticos, neoliberales y demás adjetivos mal vistos en nuestros tiempos, aprendiendo de las experiencias de otros países, para lograrlo. No es un tema de voluntad nada más.

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